
Queremos acompañarlos en el proceso de desarrollo emocional de sus hijos, y por eso hoy les compartimos algunas pautas importantes si están atravesando una etapa en la que su hijo/a muerde a otros niños o adultos.
¿Por qué muerden los niños pequeños?
Morder es una conducta que puede aparecer entre los 9 meses y los 3 años, y no significa que el niño sea agresivo ni que tenga problemas de conducta. Es una forma de expresar algo que todavía no puede decir con palabras, como:
● Frustración
● Enojo
● Celos
● Deseo de defenderse o de llamar la atención
● Sobreestimulación o cansancio
Desde la neuropsicología infantil, sabemos que el cerebro de los niños pequeños está inmaduro, especialmente en las áreas que controlan los impulsos y las emociones (como el córtex prefrontal). Por eso, necesitan nuestra ayuda para aprender a expresar lo que sienten sin hacer daño.
¿Qué pueden hacer los padres cuando su hijo muerde?
1. Actuar con calma y firmeza
○ Sepárense del niño que ha mordido de forma suave.
○ Digan con voz seria pero tranquila:
“No se muerde. Morder duele.”
2. Ponerle palabras a lo que siente
○ Ayúdenlo a entender sus emociones:
“Estás enojado porque no era tu turno.”
“Querías ese juguete y no sabías cómo pedirlo.”
3. Ofrecer una alternativa
○ Enseñen frases sencillas como:
“¡No me gusta!” o “¡Es mío!”
○ También pueden ofrecer un objeto para descargar tensión (un cojín, una pelota blanda, etc.).
4. Cuidar a quien fue mordido
○ Mostrar empatía con el otro niño le enseña a su hijo que sus acciones tienen consecuencias.
5. Hablar del tema solo cuando esté tranquilo
○ Después de calmarse, explíquele a su hijo/a con cariño pero con claridad:
“Morder duele. Si estás enojado, puedes decirlo o pedirme ayuda.”
6. Repetir y tener paciencia
○ Este aprendizaje es lento y requiere constancia, cariño y firmeza.
Qué evitar
● No gritarle ni morderlo de vuelta.
● No castigar sin explicarle.
● No etiquetarlo como “agresivo” o “malo”.
Recuerden: su hijo está aprendiendo y necesita adultos que le enseñen con amor y límites claros. Les animamos a trabajar junto a nosotros/as, reforzando en casa lo que enseñamos en el aula: cómo identificar emociones, cómo pedir lo que necesita sin agredir, y cómo reparar si ha hecho daño.
Antes de actuar, es útil entender que los niños pequeños muerden por varias razones, como:
- Exploración sensorial (especialmente en bebés)
- Frustración o falta de habilidades para comunicarse
- Llamar la atención
- Imitación de comportamientos
- Estrés o sobreestimulación
- Dificultades para autorregularse
wÁlvaro Bilbao explica que el cerebro del niño está en pleno desarrollo, especialmente en las áreas relacionadas con el autocontrol, la empatía y la regulación emocional, como el córtex prefrontal. Esto significa que muchos comportamientos impulsivos (como morder) no son actos de maldad ni de desafío, sino reflejo de un cerebro inmaduroque aún no sabe gestionar emociones intensas como la frustración, el enfado o la sobreestimulación.
Desde la neuropsicología infantil:
1. Inmadurez cerebral
- El córtex prefrontal (encargado de regular la conducta, pensar antes de actuar y controlar impulsos) se desarrolla lentamente.
- En edades tempranas (1-4 años), el niño actúa más desde el «cerebro emocional» (amígdala) que desde el pensamiento racional.
«Un niño no necesita castigos, necesita herramientas para aprender a manejar lo que siente.» – Álvaro Bilbao
2. Falta de lenguaje emocional
- Muchos niños muerden porque no saben expresar lo que sienten con palabras.
- Si no pueden decir «estoy enfadado» o «me siento invadido», pueden usar su cuerpo para comunicarlo.
3. Necesidad de conexión y atención
- A veces el niño muerde para buscar atención o como una forma de expresar que se siente inseguro, celoso o confundido.
Pautas para la profesora
1. Responder de inmediato
- Separe al niño que ha mordido con calma, sin gritar.
- Diríjase a él con voz firme pero tranquila:
«No se muerde. Morder duele.»
2. Atender primero al niño lastimado
- Tranquilice al niño que fue mordido y atienda la herida.
- Muestre empatía y verbalice el dolor:
«Veo que te dolió, lo siento.»
3. Ayudar al niño que muerde a reconocer sus emociones
- Después del incidente, cuando esté calmado, hable con él:
«¿Estabas enojado? Puedes decir ‘estoy enojado’, no morder.»
4. Ofrecer alternativas
- Enseñar frases como: «¡Es mío!» o «¡No me gusta eso!»
- Usar cuentos, juegos o títeres para enseñar el control de impulsos.
5. Observar y prevenir
- Identificar patrones: ¿cuándo y por qué muerde?
- Redirigir o intervenir antes de que muerda si detecta señales de frustración.
6. Comunicación con los padres
- Informar con honestidad pero sin alarmar.
- No etiquetar: decir «mordió hoy» en lugar de «es un niño que muerde».
- Proponer estrategias comunes.
Pautas para los padres
1. Reaccionar con calma y firmeza
- No gritar ni castigar físicamente.
- Decir con seriedad: «No se muerde. Eso duele.»
2. Modelar empatía
- Ayude al niño a entender que su acción causa daño:
«Mira, lloró porque le dolió. Vamos a pedir perdón.»
3. Reforzar conductas positivas
- Elogiar cuando resuelva conflictos sin morder:
«Muy bien, usaste palabras en lugar de morder.»
4. Establecer rutinas y límites claros
- Asegurar que el niño duerma y coma bien (el cansancio o el hambre pueden aumentar el comportamiento impulsivo).
5. Leer cuentos sobre el tema
- Libros como «Teeth Are Not for Biting» de Elizabeth Verdick ayudan a trabajar el tema de forma lúdica.
6. Mantener contacto con la escuela
- Colaborar con la docente para aplicar estrategias coherentes en ambos entornos.
| Para la profesora | Para los padres |
| Intervenir rápido y calmada | Reaccionar sin castigos |
| Enseñar alternativas | Enseñar empatía |
| Observar patrones | Reforzar lo positivo |
| Comunicar a padres sin alarmar | Colaborar con la escuela |
Enfoque respetuoso y firme, basado en el cuidado del vínculo emocional y el desarrollo del cerebro del niño.
1. Validar las emociones sin validar el comportamiento
- Se puede decir:
«Entiendo que estás enfadado, pero no se muerde, morder hace daño. Vamos a buscar otra forma.»
2. Corregir con calma y firmeza
- El adulto debe mantener la calma, porque el niño “copia” el estado emocional del adulto. Si el adulto grita o se descontrola, se activa más la amígdala del niño.
- No se trata de castigar, sino de guiar.
3. Enseñar herramientas emocionales
- Enseñar al niño a identificar lo que siente: usar caritas, cuentos, ejemplos visuales.
- Usar frases como:
«¿Estás frustrado porque no era tu turno?»
«Cuando te enfadas, puedes pedir ayuda o decir ‘no quiero’.»
4. Anticipar y prevenir
- Si el niño tiende a morder en ciertas situaciones, se puede anticipar:
«Si algo no te gusta, ven a decírmelo, no uses los dientes.»
5. Conectar antes de corregir
- El niño necesita sentirse seguro emocionalmente para aprender de lo ocurrido. Por eso es importante que la corrección venga desde el afecto, no desde el rechazo.
| Comportamiento de morder | Interpretación desde la neuropsicología (Bilbao) | Qué hacer |
| Muerde al otro niño por frustración | Cerebro inmaduro, no sabe gestionar emociones | Corregir con calma, enseñar alternativas |
| Muerde cuando no puede hablar bien | No sabe expresar su necesidad o enfado | Dar lenguaje emocional y atención |
| Muerde en momentos de estrés o cambio | Desequilibrio emocional, busca seguridad | Acompañar emocionalmente, mantener rutinas |
El niño pequeño necesita límite + vínculo, no castigo.
La repetición, el ejemplo y el cariño son más efectivos que el enfado.
Su cerebro no está diseñado para el autocontrol aún, y tú eres su regulador externo.
Frases útiles para niños de 1-3 años
- “No se muerde. Morder duele.”
- “Estás enfadado. Puedes apretar esto.”
- “Dí: ¡no! o ven con mamá/papá.”
- “Vamos a calmarnos juntos.”
- “Cuando te sientas así, puedes hacer esto.”
Cuando un niño pequeño muerde —ya sea a ti, a otro niño o incluso a sí mismo— es natural sentir sorpresa, frustración o incluso enojo. Pero lo más importante en ese momento no es reaccionar desde la emoción, sino actuar con firmeza, calma y mucho enfoque. Morder a esta edad no es una “maldad”, sino una señal de que el niño está desbordado, frustrado, experimentando algo que aún no sabe expresar con palabras.
Aquí te explicamos qué hacer paso a paso cuando ocurre una mordida, y cómo ayudar a tu hijo a entender, manejar y cambiar esa conducta con el tiempo.
1. Actúa rápido pero sin asustarlo
En el momento en que muerde, lo primero es separar su boca suavemente de la piel (ya sea la tuya o la de otra persona). Retira el brazo o la mano, pero sin movimientos bruscos.
Evita gritar, sacudirlo o reaccionar de forma exagerada. Aunque parezca que «debe entender», una reacción fuerte solo activa más su ansiedad y desregula su cerebro, por lo que puede apretar más sus dientes. En cambio, usa una frase clara, breve y con tono serio, pero sin gritar:
«¡No! Morder duele. No se hace.»
Mírale a los ojos y mantén un lenguaje corporal firme. Esa coherencia es lo que más entiende en ese momento.
2. Establece una distancia breve y controla el ambiente
Si es necesario, sepáralo un poco físicamente (por ejemplo, alejándolo de otro niño), pero sin retirarte emocionalmente. No lo ignores ni lo abraces inmediatamente. Primero, necesita entender que se ha cruzado un límite importante.
Mantente cerca, mirándolo con seriedad. Tu presencia firme y calmada le da seguridad, incluso mientras pones límites.
3. Ponle palabras a lo que está sintiendo
A esta edad, los niños aún no saben identificar ni nombrar lo que sienten. Lo expresan con el cuerpo: mordiendo, empujando, gritando. Por eso, tú puedes ayudarle a construir ese puente entre emoción y lenguaje.
Di algo como:
- “Veo que estás muy enfadado.”
- “Estás frustrado porque querías ese juguete.”
- “No te gustó que te empujaran.”
Nombrar lo que siente no es justificar lo que hizo. Es enseñarle a reconocer sus emociones y a ponerles nombre para que, con el tiempo, aprenda a manejarlas sin violencia.
4. Redirige el comportamiento con alternativas claras
Una vez marcado el límite y reconocida la emoción, es hora de mostrarle otra forma de actuar. No basta con decir “no muerdas”, hay que enseñarle qué puede hacer en su lugar.
- “Cuando estás enfadado, puedes decir: ‘¡no me gusta!’”
- “Si necesitas morder, puedes apretar este cojín, mi dedo o esta pelotita.”
- “Cuando algo te molesta, ven y dímelo. Estoy aquí.”
En esta etapa, el cuerpo del niño necesita actuar para procesar la emoción. Por eso, ofrecer alternativas físicas y expresivas es fundamental.
5. Después, cuando esté tranquilo, habla de lo que pasó
Una vez que ya no está alterado, vuelve a hablar brevemente de lo ocurrido. Este momento es clave para aprender, pero solo funciona cuando está calmado y receptivo:
- “Antes me mordiste y eso dolió.”
- “Sé que te sentías muy frustrado, pero morder no está bien, duele.”
- “La próxima vez, puedes venir a buscarme o decirme lo que sientes.”
Repite este tipo de mensajes con sencillez y paciencia. El aprendizaje emocional no ocurre de un día para otro.
6. Refuerza lo positivo
Cuando veas que tu hijo logra canalizar su emoción sin morder, reconócelo inmediatamente. Esto ayuda a reforzar las conductas adecuadas y da sentido al esfuerzo:
- “Muy bien, usaste tu voz para decir que no.”
- “Gracias por apretar el cojín en lugar de morder.”
- “Estoy orgullosa/o de cómo lo manejaste.”
Los niños necesitan saber qué sí pueden hacer, no solo lo que está mal.
| Evita | Por qué |
| Gritar o asustarlo | Aumenta su ansiedad y lo desregula más. No aprende, solo se asusta. |
| Morderle de vuelta (aunque sea “suave”) | Le enseña que el dolor se responde con dolor. Es contradictorio y violento. |
| Castigar sin explicar | No le ayuda a gestionar emociones, solo siente rechazo. |
| Ignorar, reírse o ridiculizar | Puede pensar que morder es un juego, o sentirse inseguro y no comprendido. |
| Discursos largos | A esta edad no pueden procesar explicaciones extensas. Lo mejor es breve y claro. |
¿Y si mordió a otro niño?
En ese caso, lo primero es atender al niño que fue mordido. Consuélalo, revisa la herida y muéstrale cariño. Esto no solo es necesario para el niño afectado, sino que también modela empatía: el niño que mordió ve que su acción tuvo consecuencias reales y que esa persona está sufriendo.
Después, con calma, repite el proceso anterior con tu hijo: límite, emoción, redirección y contención.
- Actúa rápido y con calma.
- Marca un límite claro sin violencia.
- Ayúdale a poner palabras a su emoción.
- Dale una alternativa para canalizar lo que siente.
- Cuando esté tranquilo, retoma el tema con cariño.
- Refuerza cada pequeño avance.
Tu hijo no te está desafiando ni actuando con maldad. Está aprendiendo a vivir en un cuerpo lleno de emociones que aún no sabe manejar. Tú, como su guía, tienes el poder de enseñarle con amor, paciencia y límites firmes. Este proceso toma tiempo, pero cada mordida puede ser una oportunidad para crecer juntos.


